Con un vaso de vodka

Alejandra Ruz

DOI: https://doi.org/10.32997/2027-0585-vol.0-num.4-2010-1632

Resumen

Kalil me levanta en sus brazos y me da un beso en la boca. Me mira con sus grandes ojos negros y sonríe al sentir mis patas tensas en su cara. Ya en el suelo, en un rincón de la cocina, me sirve leche y galletas (mis favoritas) y acaricia mi cola. Se sienta en la mesa, endulza su café y toma el periódico. Como todas las mañanas, lee sólo los titulares, y luego uno o dos párrafos de las noticias. También lee las columnas de opinión, las de los periodistas que no se cohíben por el momento político o por el salario, porque aquellos que sí lo hacen logran enojarlo, y entonces me pregunta por qué ellos se venden. Yo lo miro, lo escucho, aunque todo eso que dice no tiene para mí ni la más mínima importancia.

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