Habitar el relámpago: paisajes ominosos

Juan Manuel Roca

DOI: https://doi.org/10.32997/2027-0585-vol.0-num.11-2017-1901

Resumen

Creo que la reserva que tuvo Gombrowicz acerca de la poesía que busca a todo trance ser “poética” ha hecho por fortuna blanco en algunos autores que huyen de los tópicos líricos, más cercanos como están a Lautreamont que a Bécquer, más a la distopía que vivimos que al gorjeo del ruiseñor. Hemos aprendido a valorar a quienes saben apuntar con tino al público burgués para arrojarle más tomates que rosas. Y a quienes no propiamente lo hacen con alardes vanguardistas ya marchitos, con manifiestos escritos antes de realizar una obra, como quien dice, con los gestos vanos de querer poner la huella antes de dar el paso.

Pienso esto al leer los poemas de Norman Paba, unos poemas que parecen nuestro reflejo colectivo visto en un espejo cóncavo. Lo suyo, me parece, es un cambio de dominio de la poesía sumisa, que habla por hablar, al dominio de una poesía que rehúye el manierismo, contraria a la que se escribe en estos pagos con bastante frecuencia. Hay contadas excepciones que no encajan en lo que afirmo, un tono homogéneo que permite insertar versos de un poeta en los versos de otro poeta sin que se altere para nada ni el sonido ni el sentido.


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