Una hoguera que ardió en 1626

Emiro Santos Garcia

DOI: https://doi.org/10.32997/2027-0585-vol.0-num.3-2009-1611

Resumen

Era la noche oscura, las luces muchísimas, y la suspensión mayor con que salía la música, de suerte que obligaba en aquel acto piadoso a devoción y respeto. Acabada la absolución, volvió la cruz de la parroquia ya descubierta, con curas, y acompañado su señoría con los señores de los Cabildos y regidores que asistieron al asunto, se despidieron, por ser ya noche, mostrándose el señor Inquisidor con corteses razones agradecido.

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