MÁS ALLÁ DE LA FIESTA: PARTICIPACIÓN DE NIÑOS Y NIÑAS EN EL CARNAVAL DE RIOSUCIO

MÁS ALLÁ DE LA FIESTA: PARTICIPACIÓN DE NIÑOS Y NIÑAS EN EL CARNAVAL DE RIOSUCIO


DOI: https://doi.org/10.32997/2346-2884-vol.0-num.18-2018-2177

Gloria Abimeleth Ardila Guerrero, Eliana Cristina Medina Ramírez, Yudy Viviana Medina Ramírez

Resumen

Es este artículo se presentan y analizan las diferentes formas de participación infantil y las subjetividades políticas de niños y niñas que emergen en el Carnaval de Riosucio (Colombia). La investigación que da origen a este artículo: “La participación infantil en los ritos carnavalescos de los niños y niñas, una experiencia de subjetividad política” se centra en la importancia de hacer visible la participación de niñas y niños en los ritos festivos propios del carnaval, evidenciando la configuración de subjetividad política a partir de dicha participación, abriendo un espectro de posibilidades que permiten otras prácticas de si, un despliegue de configuración de subjetividades que hacen visibles y audibles sus voces, sus modos de habitar el pueblo, su manera de ver la realidad en época de carnaval, trascendiendo la hegemonía a la que normalmente son sometidos.

Palabras clave: Participación, carnaval, subjetividad política, democracia, ciudadanía

BEYOND THE PARTY: PARTICIPATION OF BOYS AND GIRLS IN RIOSUCIO CARNIVAL

Abstract

This article presents and discusses the different forms of child participation and the political subjectivities of boys and girls that emerge in the Carnival of Riosucio (Colombia). The research that gives rise to this article: “Children’s participation in the carnival rites of children, an experience of political subjectivity” focuses on the importance of making visible the participation of children in the festive rites proper to the carnival , showing the configuration of political subjectivity from this participation, opening a spectrum of possibilities that allow other practices of themselves, a display of configuration of subjectivities that make their voices visible, audible, their ways of inhabiting the town, their way of seeing the reality in carnival time, transcending the hegemony to which they are normally subjected

Keywords: Participation, carnival, political subjectivity, democracy, citizenship.

1 Desde ahora se usará el término “niños” para referirse a “niños y niñas”.

INTRODUCCIÓN

Según Vergara, Peña, Chávez & Vergara (2015) los niños y niñas1 son sujetos plenamente sociales y políticos, a través de este artículo se pretende evidenciar una postura que rompa con los esquemas que han encasillado la condición de niñez, en la cual se muestran como sujetos pasivos y dependientes, sometidos a las decisiones de otros, cuyas voces han sido silenciadas al reemplazarlas por la expresión de los adultos.

Para resignificar la participación de los niños se adopta el Carnaval de Riosucio como espacio democrático que genera unión, apertura e inversión, brindándoles la posibilidad de adentrarse en el juego festivo de manera activa y gestionada.

A través de los resultados de la investigación “La participación de los niños en el carnaval de Riosucio una experiencia de subjetividad política” se suscita un diálogo con el lector, permitiendo la comprensión de la participación festiva como elemento que genera apropiación, construcción de discursos y prácticas sociales, originando otro punto de vista, que muestra a los niños como sujetos en constante construcción e interacción, como agentes de su realidad desde su condición de edad.

Participar implica transformar

El comprender las formas de participación de los niños en el Carnaval de Riosucio advierte las transformaciones, innovaciones y cambios de esta fiesta, incluso los retos que debe plantear con respecto al rol de los niños en él, debido a que los fomenta como ciudadanos constructores de conocimiento y realidad social.

“De Riosucio la tierra querida, eres timbre de gloria inmortal”2

2 Frase del himno del Carnaval de Riosucio

Riosucio, es un municipio ubicado en el noroccidente del Departamento de Caldas, albergado entre montañas y ríos cuyo nacimiento se da en un momento histórico: el 7 de agosto de 1819 día de la independencia de Colombia. Su fundación lo ubica en un espacio geográfico, en el que sus pobladores (indígenas, blancos y negros) lo mantuvieron separado debido a sus costumbres, territorios y creencias, cuyo impacto se evidencia en lo urbanístico al tener dos plazas principales: “San Sebastián” y “La Candelaria” con solo una cuadra de distancia entre ambas, reflejo de la segmentación de la época.

A partir del 6 de enero de 1847, a través de la fiesta (bailes y ritos festivos) se orquesta un espacio mediado por la música, la danza y el juego de palabras que rayando en lo burlesco abren nuevas formas de relacionarse, logrando unificar el pueblo y por ende, la mezcla de tradiciones españolas, indígenas y africanas permitiendo la reconciliación, una nueva forma de convivencia en el territorio y el origen de la fiesta más representativa del municipio: El Carnaval de Riosucio, una celebración democrática donde la palabra cobra importancia, siendo una de las características que lo diferencian de otros ritos festivos, el permitir que entre versos y cánticos burlones se conozca la realidad social, germinar posiciones que la cuestionan, llamando en este tiempo y espacio lo innombrable sin temor a la recriminación, pero dejando en el ambiente festivo la sensación de renovación, al dejar escapar sentimientos de agobio, que se reprimen durante otras épocas y solo cada dos años se puede expresar “de forma creativa y estética a través de los escenarios del municipio en un periodo de ocho días” Montoya, (2003, p 86).

Tal como lo expresa Scott (2000):

El carnaval es “el tribunal informal del pueblo” en el cual se pueden cantar canciones mordaces y versos reprensivos directamente frente a los que se quieren humillar y a los que se consideran malhechores (…) es el momento y el lugar de arreglar, por lo menos verbalmente, cuentas personales y sociales. Así el carnaval es una especie de pararrayos para todo tipo de tensiones y rencillas sociales (p206).

El Carnaval une a riosuceños y foráneos a partir del primer jueves de enero de cada año impar, consumando el rito en un encuentro de palabras, música y baile donde las hegemonías se disuelven y las calles se convierten en un espacio de júbilo y alegría. La preparación de la fiesta inicia desde julio del año par, con la instalación de la República Carnavalera donde la Junta del Carnaval3 toma juramento y se compromete ante el pueblo a realizar una buena fiesta y conservar la tradición; en los meses de agosto, septiembre y noviembre se realizan los decretos4, y en diciembre, generalmente quince días antes de iniciarlo se desarrolla el Convite5 anunciando que el pueblo se encuentra maduro para realizar la celebración.

3 Elegida por la Asamblea Popular para un periodo administrativo de dos años, con posibilidad de reelección inmediata si su gestión lo amerita y la voluntad mayoritaria de los asambleístas la avalan. Es la encargada de la proyección, diseño y ejecución de la edición del carnaval correspondiente. * Todos los términos y definiciones acá contenidos, relacionadas con el Carnaval de Riosucio fueron tomados del documento: Plan Especial de Salvaguardia Carnaval de Riosucio Caldas. Véase Ministerio de Cultura, Secretaría de Cultura de Caldas, Alcaldía de Riosucio, Corporación Carnaval de Riosucio y Consejo Regional Indígena de Caldas. Plan Especial de Salvaguardia Carnaval de Riosucio Caldas. Recuperado de: http:// www.mincultura.gov. co/prensa/noticias/ Documents/ Patrimonio/ 08Carnaval %20de%20Riosucio% 20-%20PES.pdf

4 Son puestas en escena de la literatura matachinesca que semeja el tono de los políticos en las plazas públicas. Están hechos en rima, simulan los decretos oficiales de antigua usanza, su contenido es la súplica por las necesidades urgentes, males y reclamos. Se hace uno por mes después de la instalación de la República Matachinesca y antes del Convite.

5 Montaje teatral presentado por la Junta del Carnaval, matachines y actores invitados y que sirve para indicarle al pueblo que ya está maduro para la gran celebración. Se realiza, por lo general, unos quince días antes de la consumación del Carnaval.

El Carnaval de Riosucio, es una de las fiestas más largas de Latinoamérica, tomado desde su tiempo de preparación hasta el desarrollo del rito principal en enero donde a través de la sátira jocosa, el pueblo denuncia la realidad que lo aqueja, borda sus trajes coloridos para representar una cuadrilla6 que bajo el efecto de la música y cantos invade de alegría los diferentes espacios gobernados por “el Diablo7 del Carnaval” quien como máxima autoridad invita a participar en paz del jolgorio.

6 Según Zapata (1990) la cuadrilla es la prolongación objetiva del Diablo en el carnaval, señalada como la actividad más importante dentro del mismo y para el mismo. El término mismo ha adquirido connotaciones “místicas y religiosas”. Mística, porque significa un recogimiento y una devoción (amor); y religiosa, porque es la norma de conducta que un cierto grupo de ciudadanos adopta durable un tiempo aproximado de ocho meses” (p 96). La cuadrilla la conforma un conjunto de personas disfrazadas y danzantes, se pueden considerar como una máscara, la cual se oculta hasta el día de la representación en público, en los carnavales, por ello ha sido tradición mantener cierta clandestinidad en su preparación. Sus ensayos se realizan en las zonas semiurbanas “pues si nos reuniéramos en la ciudad, nos acosaría la gente y conocerían nuestro argumento” (p 28). Las cuadrillas constituyen la más ancestral tradición cultural de Riosucio. Con ellas, el pueblo se traslada en el tiempo y se reencuentra con las raíces más profundas de su espiritualidad y religiosidad; son los pilares sobre los cuales se fortalece su identidad y el sentido de pertenencia por su legado cultural. Las Cuadrillas son las que arman y preparan los espacios en los cuales se consolida todo el acervo cultural del Carnaval de Riosucio. Como una manera de garantizar la tradición y sostenibilidad del Carnaval y sus cuadrillas, se le da vida en cada edición de Carnaval a las Cuadrillas Infantiles, cuya temática es diversa, local y universal.

7 Es la figura central de la fiesta y recoge tantos conceptos que no es fácil definirlo, sin embargo, todos están asociados a la vida, la alegría, la amistad, la sátira, la burla, entre otros. Su reinado es la excusa para romper la cotidianidad y crear la música, la poesía y la danza. Se construye de manera especial para cada celebración, por eso su recibimiento es toda una sorpresa. Aunque su apariencia sea distinta cada año, conserva elementos que lo identifican, como sus cachos, cola y tridente. Su contextura fusiona elementos de la composición triétnica de la región.

Niños, jóvenes y adultos se dan encuentro en los diferentes escenarios dispuestos en el pueblo para el disfrute, sin embargo, son los niños hasta ahora los menos escuchados en la fiesta, lo cual da origen a nuestra investigación, al percibir esa mirada inquieta que nos exige hacer un alto en el camino y repensar su participación en el Carnaval de Riosucio como una posibilidad para dar cuenta de su subjetividad política.

Participación infantil en el Carnaval de Riosucio.

Si bien el Carnaval de Riosucio es una fiesta democrática que da apertura a múltiples posibilidades de ser y estar en el pueblo, es necesario revisar la participación de niños en él. Se debe considerar el hecho que aunque ellos comparten (los niños) características similares en cuanto a su desarrollo, sus múltiples formas de expresar sensibilidades y de ver el mundo, los niños presentan diferencias entre sí, abriendo un mar de posibilidades para enriquecer el carnaval.

A lo largo de la historia el término infancia se ha reducido a cuestiones de edad, y aunque se han dado avances en el respeto por los derechos de los niños, existe una desventaja al ser minimizadas sus capacidades discursivas, lo cual abre aún más la brecha entre niños y adultos, restringiendo sus posibilidades de participación en temas que traspasan sus espacios vitales. Esta mirada adultocéntrica de la infancia “como personas inacabadas o que poseen algún tipo de limitación producto de su temprana edad o desarrollo cognitivo” Miranda, (2017, p94), limita los espacios para que niños ejerzan su derecho ciudadano de la palabra, lo cual visto desde el carnaval, menoscaba el sentido del mismo, al impedir el afloramiento de sus necesidades, reclamos y sentidos de la realidad en este tiempo de efímera libertad.

Si tomamos en cuenta que la celebración ha trascendido con el pasar de los años y ahora es pensada desde sus bases como Patrimonio Cultural de la Nación8, lo cual implica atender un sin número de personas, donde la gestión del riesgo hace su aparición para garantizar la protección de la integridad de quienes disfrutan de los diferentes eventos, así mismo nace la preocupación por salvaguardar la tradición, de tal manera que no se convierta en un encuentro banal, donde prime el licor y la música, sino que se conserve la palabra como máximo exponente, garantizando la autenticidad del carnaval, haciendo frente a los cambios del siglo XXI, un reto que implica reconocer el papel protagónico de niños en la continuidad del mismo.

8 5 de enero de 2006 mediante resolución Nº 0011 del Ministerio de Cultura, el Carnaval de Riosucio es declarado Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional.

Repensar la participación de niños en el carnaval es ir más allá de garantizar su derecho a involucrarse en algo que los afecta, Novella (2008) indica que, la participación es algo más que un derecho. Podemos hablar de ella como de un principio educativo, un contenido formativo, un valor democrático y un procedimiento para aprender, a participar. En definitiva, entendemos la participación infantil como una experiencia personal y colectiva que permite implicarse en proyectos sociales que, mediante la palabra y la acción comprometida, pretenden transformar la realidad cercana (p.78).

Lo anterior nos lleva a pensar un trabajar en conjunto, reconociendo las potencialidades de niños, empoderándolos de su rol en la fiesta, creando un compromiso y generando responsabilidades hacia la misma, de tal manera que se permita el ejercicio de un derecho civil y además se salvaguarde la tradición.

Los niños son personas activas en los diferentes contextos Pérez, (1994), Corona, (2000), en Gallego, (2015, p. 156), quienes contribuyen con el desarrollo de su entorno cercano, siendo imprescindible desde las diferentes instituciones relacionadas con la fiesta (instituciones educativas, familias, semilleros, entre otros), facilitar los escenarios para la adquisición de la competencia para participar en los diferentes eventos relacionados.

Hablar del Carnaval de Riosucio como una fiesta democrática, implica reconocer la democracia como esa posibilidad de participar activamente en la toma de decisiones de aquello que atraviesa nuestra existencia, rompiendo esquemas tradicionales que ven en ella únicamente la “posibilidad de voto”, construyendo nuevos significados que incluyan a los niños como sujetos críticos, capaces de analizar y reflexionar sobre su realidad.

Por lo tanto, el carnaval, es un acontecimiento propicio para que emerjan subjetividades políticas en los niños, lo cual cobra gran importancia, considerando que son las diferentes experiencias que brinda el contexto cuando se reconoce al otro y se construyen pactos, sentidos y espacios favoreciendo experiencias políticas de amistad, cuidado por el otro, recuperación de la sensibilidad y orientación de vida buena.

Los niños pueden construir y reconstruir su realidad diaria, a partir de una ciudadanía crítica y subjetividad política colectiva donde se liberan de condiciones opresivas que los silencian y marginan, restaurando prácticas desaparecidas (invisibles).

Se debe considerar entonces que esta ciudadanía crítica, se adquiere al disponer escenarios de participación para niños donde se rompe la barrera del término ligado únicamente a la posibilidad de elección de dirigentes para reconocerla como lo explica Gallego (2015).

Como la capacidad de reflexión y de análisis que tiene el ser humano frente a las situaciones que se hacen manifiestas en su vida y que de una u otra forma le permiten aportar a la transformación de su contexto social (p.157).

Participar en el carnaval se hace de variadas maneras y no todas conducen al ejercicio activo de la ciudadanía, razón por la cual es necesario comprender las diferentes formas de participación de los niños en él, realizando un análisis a partir de los niveles de participación propuestos por Trilla y Novella (2001), quienes basándose en la escala de participación de Hart (1993)9 plantean una escala de participación infantil de cuatro niveles: «participación simple, participación consultiva, participación proyectiva y metaparticipación».

9 Escala más conocida y citada de las que se refieren a la participación infantil, la cual consta de ocho niveles. Véase HART, R. (1993). La participación de los niños: De la participación simbólica a la participación auténtica. Bogotá: Editorial Nueva Gente.

Metodología

La investigación se realizó desde un enfoque cualitativo, realizando una aproximación hacia los niños en el Carnaval de Riosucio, el lenguaje “como reproducción simbólica del mundo de la vida” (expresiones verbales, acciones, corporalidad, gestos, expresiones culturales), con el fin de comprender la realidad social festiva como proceso histórico, desde las polifonías de los niños y su configuración de subjetividades; fue por ello que se decidió tomar el camino de la etnografía como método de investigación, pues la pretensión fue conocer el fenómeno social desde el estar con quienes hacen parte de esta y desde el estar con ellos, comprender la complejidad estructural, social y cultural del Carnaval de Riosucio, permitiéndonos nombrar nuestra investigación como “etnografía colaborativa” por describir, traducir, explicar e interpretar a los otros con los otros (…) es una “ecología de saberes” que remite a diálogos entre conocimientos científicos, así como a otras formas de saberes, que han sido subalternizados e invisibilizados durante mucho tiempo (Álvarez Veinguer & Dietz, 2014: 7 en García, 2015), es decir, se reivindican las voces de los (hasta ahora llamados) sujetos de estudio considerando que su “expertise” cultural es tan valiosa como nuestras competencias profesionales (García, 2015,p.73)

Teniendo en cuenta que este tipo de investigación requiere de un largo plazo, se decidió hacer diferentes paradas en el tiempo, en el pre-carnaval (juliodiciembre 2016), el Carnaval (5-11 enero 2017) y el pos carnaval (eneroabril 2017) con el fin de comprender la transformación de la emergencia de la configuración de subjetividades de acuerdo al tiempo-espacio carnavalero.

Para tener una mayor comprensión de la realidad festiva desde la percepción de los niños y actores del carnaval se decidió apoyar el camino investigativo en la narrativa como una aproximación a lo humano en y desde el lenguaje.

Las narrativas permitieron tener un reflejo de las configuración de subjetividades que emergen en relación con el Carnaval de Riosucio, además de percibir como en la cotidianidad se van haciendo entramados de configuración de subjetividades que forman un tejido festivo, un paisaje como lo nombra Gómez (2001), que hacen el viaje investigativo más rico y polémico de acuerdo a la diversidad narrativa.

Resultados

A partir del desarrollo de observaciones durante la fiesta, de grupos focales, entrevistas, encuestas, talleres de literatura matachinesca10 y de expresión corporal se pudo dar cuenta tanto de las subjetividades políticas que emergen en la misma como de los diferentes modos de participación infantil durante el Carnaval.

10 Recoge todos los textos escritos y orales creados para los distintos actos estructurales del Carnaval. Son versos llenos de gracia y humor fino, que se emplean para recrear los Decretos, Convite, Saludo al Diablo y otras páginas, con su sátira sutil, delicada e irónica

Participación simple: “Se caracteriza básicamente porque el niño toma parte en una actividad como espectador o como ejecutante pasivo. El niño o la niña se incorpora al desarrollo de una acción que otro, mayoritariamente un adulto, la ha organizado para ellos/ellas” Novella, (2008, p.80). Este tipo de participación se puede evidenciar en el Carnaval de Riosucio cada vez que padres o cuidadores, disfrazan a niños desde edades muy tempranas (incluso infantes menores de un año de edad), los llevan a los espectáculos ofrecidos en las plazas del pueblo, a los desfiles de cuadrillas o a las corralejas y el niño o niña simplemente acude de acuerdo al mandato del adulto, entre luces y lentejuelas son fotografiados y aplaudidos, pero su participación no trasciende esta acción.

El asistir o no por parte de niños a las actividades programadas durante el pre-carnaval y carnaval se encuentra mediado por creencias, en algunos casos religiosas, el desconocimiento sobre el rito o la sujeción a la autoridad del adulto, lo cual puede impedir su asistencia, como es el caso de I.S, que al ser interrogada sobre su deseo de participar en el carnaval responde: “si quiero, si no que no puedo, porque casi no salgo por mis papás” (Niña de 9 años encuestada).

En caso contrario la participación en cuadrillas, decretos, desfiles y demás actos es impulsada por adultos con alta tradición carnavalera, dado a que han sido matachines11, decreteros12, cuadrilleros13 o simplemente disfrutan de la fiesta.

11 Son los artífices y hacedores de la fiesta; son el alma y nervio de la celebración; están presentes en los preparativos y en los actos de consumación del ritual carnavalero. El matachín es la figura alegre y entusiasta del carnaval y lo representa con sus disfraces y cantos en las cuadrillas. Es un personaje popular, escritor y poeta, es el transmisor del legado cultural, compromiso que ha asumido con el pueblo, pero sobre todo con los mandatos de su “Diablo” del Carnaval.

12 Son quienes escriben y dan lectura a los decretos que son piezas de la literatura matachinesca y corresponden a la etapa preparatoria, con los cuales se inician los primeros actos del carnaval, seis meses antes del gran rito de consumación. Son personajes populares conocedores de la tradición riosuceña, son poetas, y literatos que alternan la ironía, con el humor y la gracia de una forma abierta y sencilla.

13 Son los hacedores y dan vida a las cuadrillas. En torno a los cuadrilleros giran todos los hacedores de la fiesta: historiadores, músicos, poetas, escritores, cortadores de letras, artesanos, confeccionistas, coreógrafos, diseñadores, fabricantes de máscaras y disfraces y un sinnúmero más de personas, que propenden por mantener vivas sus tradiciones, aportando su producción artística para su prolongación por generaciones.

Berger y Luckmann (2003) manifiestan:

El niño puede intervenir en el juego con entusiasmo o con hosca resistencia, pero por desgracia no existe ningún otro juego a mano. Como el niño no interviene en la elección de sus otros significantes, se identifica con ellos casi automáticamente. El niño no internaliza el mundo de sus otros significantes siendo uno de los tantos mundos posibles: lo internaliza como el mundo, el único que existe y que se puede concebir (p. 168).

Aunque este tipo de participación infantil es pasiva y “no es la mejor manera de formar y potenciar la participación social de la infancia” Novella, (2008, p. 80) es la oportunidad para que niños den sentido a su rol dentro del carnaval, considerando además que su asistencia hace que muchos de ellos con el paso del tiempo desarrollen gusto por la tradición, se conviertan en grandes matachines y salvaguarden la fiesta. Otros crearán una identidad colectiva con el pueblo, y la fiesta se convertirá en un punto de encuentro obligatorio cada dos años, manifestándose ese cordón umbilical que los conecta con su tierra, lo que hace que ni la distancia ni los avatares diarios les impida acudir al llamado del Diablo.

Pasando al nivel de “participación consultiva”, “los niños se implican en aquellos temas que les afectan directa o indirectamente, y lo hacen opinando, proponiendo y valorando de distintas maneras y en diferentes espacios” Novella, (2008, p.81). Este tipo de participación se podría comparar con los decretos del mes de octubre y las cuadrillas infantiles, donde muchas veces las letras son escritas por matachines conocedores del tema y los niños cantan o decretan dichas letras, siendo una práctica nueva dentro de estas actividades, (para algunos grupos) que una vez se haya concretado la idea, los niños sean consultados sobre la misma, indicando su aceptación o proponiendo ideas, como es el caso del ritmo de las canciones, incluso en algunas cuadrillas o decretos, los niños son interrogados sobre el atuendo que usarán.

Fotografía 1 de Gloria Ardila G. En ella Niña perteneciente a la Cuadrilla Infantil “Legado de Kokopelli”. Descendiente de familia con tradición carnavalera.

Fotografía 1 de Gloria Ardila G. En ella Niña perteneciente a la Cuadrilla Infantil “Legado de Kokopelli”. Descendiente de familia con tradición carnavalera.

Fotografía 2 de Gloria Ardila G. En ella Cuadrilla Infantil Guardianes del Fuego. Carnaval de Riosucio 2017.

Fotografía 2 de Gloria Ardila G. En ella Cuadrilla Infantil Guardianes del Fuego. Carnaval de Riosucio 2017.

Juntas carnavaleras y las instituciones educativas han tenido que ver con lo anterior, gracias a la creación de semilleros en los cuales los maestros (que tienen un amor por el carnaval), les enseñan a los niños como crear la cuadrilla y aunque la participación de los niños es poco evidente, durante la creación de letras se les pregunta por los disfraces y demás elementos constitutivos de una cuadrilla; la mayoría hace propuestas y enriquecen la elaboración de las cuadrillas a partir de su experiencia durante el pre-carnaval y el carnaval, los niños aprenden imitando y experimentando aunque sea desde una participación no muy activa o sin estar al inicio del proyecto, son informados de lo que se realizará, generando un sentido y una apropiación de dicha fiesta.

Debido a esta investigación los niños que participaron en el decreto de octubre de 2016, manifestaron su alegría por su visibilización en la fiesta y ser tenidos en cuenta para la elaboración de letras y canciones, de igual forma en la puesta en escena de acuerdo a disfraces que ellos escogieron. Su emoción fue expresada una vez concluyó su participación en el mismo:

“Estoy muy feliz de haber participado en el decreto del carnaval, me gustaría volver a participar, me sentí muy emocionada al subir a la tarima, decretar junto a mis compañeros..., Frente a la gran mayoría de riosuceños y estar ahí, presentando lo que uno piensa... Porque en el Carnaval, los decretos a veces son para criticar algo, entonces me gustó mucho estar ahí compartiendo mis ideas junto a ellos”. (Entrevista niña de 9 años, octubre de 2016).

Las denuncias que los niños hicieron desde sus percepciones e influencia del contexto que los rodea fueron escuchadas por el pueblo carnavalero evidenciando una realidad que muchas veces no es tomada en cuenta de una manera seria, puesto que se minimiza mucho su mirada (de los niños).

En el tercer nivel de participación, “Participación proyectiva”, “el niño ya no es simple consumidor de una propuesta, ni participa para hacer sentir su voz. A partir de ahora, el niño formará parte activa de la acción participativa llegando a ser agente de cambio” Novella, (2008, p. 84).

En este sentido se han empezado a dar unos primeros pasos, a raíz de la investigación realizada, en donde niños tienen representación en la actual Junta del Carnaval, la cual se hará cargo del Carnaval 2019, siendo guiados por los matachines para su inserción en la fiesta, propiciando los espacios para entender los diferentes ritos y para realizar propuestas que la engrandezcan, buscando un empoderamiento de su rol en el Carnaval, promoviendo el reconocimiento de sus capacidades críticas, de su mirada diferente y de la importancia de su participación para salvaguardar la tradición festiva.

En el cuarto y último nivel la “Metaparticipación”, “tiene un mayor grado de complejidad. En ella, los mismos niños piden, exigen y/o generan nuevos espacios y mecanismos de participación” (Novella, 2008, p.86). Es el nivel que revindica el derecho de niños a participar, a reconocer la importancia de su participación en la toma de decisiones en cuestiones que los afectan, a hacer parte activa del colectivo, planteando, construyendo y reconstruyendo todo con el ánimo de mejorar las diferentes propuestas. Es quizás el nivel menos explorado en el carnaval de Riosucio, donde instituciones educativas y culturales jugarán un papel esencial para desplegar todas esas capacidades en niños, haciéndolos conscientes de su papel en la fiesta, de tal manera que se reconozcan como sujetos políticos que pueden a través de ella, configurar vínculos sociales alternativos que los lleven a un buen vivir.

En el transcurso de la investigación, se da cuenta como en el carnaval los niños encuentran otras formas de ser sujetos, la realidad festiva les muestra diferentes sentidos de construcción de esta, la percepción ya no se desprende de la socialización primaria de cada uno, ni de solo sus contextos, sino de la relación con otros, es por ello que participar en la fiesta, más allá de la pasividad de un espectador, genera formas distintas de ser y de ver la realidad, subjetividades que emergen con sentido político, porque se desprenden del estar con otros y de la búsqueda del estar mejor, pues en ese tiempo las miradas se rasgan y empiezan a ver la realidad del pueblo de diferentes maneras, todo se pone en el ojo de la crítica, pocos acontecimientos se salvan de la voz matachinesca, de la sátira y de la risa, intentando develar cada situación a través del decreto (denuncia pública) para poder darle alguna solución o por lo menos enterar a los demás de lo que está ocurriendo, emergiendo configuración de subjetividades que apuestan por la transformación.

Reflexiones finales

• La participación de niños en el decreto de octubre, promovido desde la investigación, permitió dar un paso grande en su visibilización como sujetos políticos capaces de analizar su realidad social, hacer evidente su percepción desde la literatura matachinesca, hacer audibles sus voces a través de una puesta en escena donde se puso en evidencia la necesidad que tiene el Carnaval de Riosucio para impulsar la participación de los niños en forma proyectiva, reconociendo las construcciones que ellos hacen a su entorno y los significados que encuentran en sus prácticas festivas.

• Es necesario trascender la idea de participación infantil como reivindicación de un derecho que tienen niños de ser integrados a diferentes actividades de su contexto, avanzando hacia un concepto incluyente que reconozca sus potencialidades de actuación en los diferentes escenarios dispuestos, dentro y fuera de la fiesta, como ciudadanos críticos de su realidad con capacidad de transformar su entorno al tomar decisiones, construir significados basados en principios de respeto, tolerancia y colaboración.

• Promover espacios de participación infantil implica en el adulto rasgar su mirada, afrontando el reto de entender sus múltiples lenguajes, recurriendo a técnicas creativas para recuperar la voz de niños, las cuales fueron silenciadas en el pasado, permitiendo aflorar capacidades democráticas que hasta ahora han sido exclusivas de adultos o poco potencializadas en la infancia.

• El Carnaval de Riosucio, con una tradición que data con 170 años de historia, no debe permanecer inmutable ante las exigencias de una nueva realidad que pide de manera urgente una apertura hacia nuevos horizontes, en el cual los niños desde su percepción de la realidad festiva agencien o potencien el construir histórico del Carnaval, teniendo presente que su subjetividad se comprime o amplía de acuerdo al tiempo-espacio y a la apropiación que estos tienen de la fiesta en el que influye mucho los adultos (familiaresreferentes), al ser un legado influenciado con la “voluntad social de praxis” en el rito festivo. Esta construcción de subjetividad estará entonces mediada por la relación con sujetos sociales y los espacios de interacción serán diferentes de acuerdo a la intencionalidad de la acción, de la comunicación y del contexto en el cual se desarrolle.

• Las prácticas ciudadanas de niños deben ser fundamentadas en la tolerancia, lo cual implica comprender que a pesar de las diferencias del otro, se puede compartir en una sociedad, generando nuevas formas de ver el mundo sin el temor a ser excluidos o violentados, donde a través de dinámicas sociales creativas y enriquecedoras las sociedades puedan avanzar en su desarrollo humano al compartir experiencias diferentes creando mundos posibles.

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