¿Cómo pensar la historia según Spinoza? Contingencia y necesidad del progreso histórico

Syliane Malinowski-Charles



Resumen

La visión hegeliana de la historia, y su revivificación por el marxismo en el siglo XX, nos acostumbró a pensar en la historia como una línea relativamente continúa de progreso. A pesar de algunos sobresaltos inevitables debidos a las pasiones humanas (a través del juego de aquellas habría que ver, justamente, la “astucia de la razón” en acción) asistiríamos globalmente en la historia, según Hegel, a una evolución, yendo de un tiempo antiguo siempre obsoleto a un futuro portador del cumplimiento de los fines racionales del ser humano y del mundo. Es pues, la teleología subyacente a la historia la que le permite a ésta estar orientada linealmente hacia el progreso. Sin embargo, sabemos bien que para Spinoza no existe ninguna finalidad en la naturaleza, y podemos por lo tanto interrogarnos por el estatuto de la historia en él, con el fin de determinar si en su filosofía hay o no progreso histórico. La lógica estricta querría que éste no fuera el caso, pero con ello se nos ocultaría toda una dimensión del pensamiento de Spinoza que equipara a las sociedades con individuos, de modo que pueda otorgárseles  el mismo género de progreso a éstas que a todo individuo. Así pues, que tal progreso existe es algo indiscutible, ya que de lo contrario no tendría ningún sentido la redacción de una Ética por parte de Spinoza, ni tampoco la de obras políticas como el Tratado Teológico-Político (TTP) y el Tratado Político (TP). A la exploración de esta analogía entre el individuo singular, que es el hombre, y el individuo colectivo, que son las sociedades, estará dedicada nuestra presentación, así como a  sus consecuencias para una filosofía del progreso histórico en Spinoza.

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