La palestra de las interpretaciones: el carácter de la historiografía filosófica

César Augusto Mora Alonso



Resumen

A pesar de la antigüedad de la filosofía, la aparición de la historiografía filosófica es relativamente reciente, pues es Hegel quien le asigna por vez primera una metodología precisa. Esta última apunta a un estudio de los filósofos del pasado que evite su tergiversación. Sin embargo, el pensador alemán reconoce que el ejercicio del historiador de la filosofía no puede ser imparcial, dado que sus consideraciones poseen una carga valorativa. Esto ha hecho de la historiografía filosófica una palestra en la que se enfrentan las más variadas interpretaciones. Frente a este panorama, reacciona Jacques Brunschwig. Su propuesta consiste en evadir los presupuestos filosóficos que permean a las empresas hermenéuticas. Para ello, estima necesario recurrir a técnicas objetivas (paleografía, filología, traducción, edición crítica) que tratan de dilucidar el sentido de un texto. Empero, Pierre Aubenque cuestiona que sea posible hacer historiografía de la filosofía sin poseer intereses filosóficos, ya que su practicante debe tener una afinidad electiva con aquello que estudia. La ponencia parte de esta idea para destacar que no hay interpretaciones del pasado que permanezcan indiferentes a las motivaciones actuales. En este sentido, el único criterio posible para evaluar la conveniencia de las interpretaciones es su plausibilidad.

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